Por Alejandro A. Tagliavini*
Pocos años atrás, mi madre estaba de turista por Vietnam. Le envié un email: "Si ves algún prisionero yanqui, intenta liberarlo". “Desde este McDonald’s solo veo mi Coca Cola delante” me contestó.
En alguna otra ocasión he mencionado que una de mis canciones favoritas es “The end”, el fin, de The Doors.
Los amigos de mis amigos han empezado a luchar, y sus enemigos se unen por una causa común; la batalla de los reyes ha comenzado.
Inmediatamente, si el beneficio es matar gente, desgraciadamente en las naciones que defienden la vida, aniquilar a cientos de civiles es una acción oscura. La mayoría de las veces, la guerra es el resultado de una amplia gama de situaciones que implican el deterioro de las relaciones políticas y diplomáticas. En muchos casos, las motivaciones son las batallas comerciales asociadas al establecimiento y enfrentamiento de barreras fiscales, donde uno intenta contener el crecimiento del otro. ¿Estamos viendo esta realidad hoy?
Como dice el cantautor Andrés Suárez en una de sus canciones, "si quieres, hacemos el verano algo más largo". Pero aunque siempre fuera deseable, lo cierto es que va llegando a su fin, si bien, por desgracia, no terminarán algunos de los acontecimientos que nos han acompañado en los últimos meses.
Mi madre, Olga Iglesias, nació y vivió una parte de su vida en Madrid en la calle Ferraz 70, actual sede del PSOE donde, por cierto, nacía posteriormente yo.
Por Miguel Ortmaetxea
Ni Rusia ni ucrania. El apabullante ganador es el complejo militar industrial de EEUU, el llamado MIC.
|
La necesidad de crudo ya no sería tan crítica, sino fuera por la nefasta intervención de los Estados que, como siempre, complican las cosas.
Antes que nada, es necesario destacar la valentía, el coraje, del pueblo iraní que enfrenta la demoníaca tiranía de estos Ayatolás dementes, a pesar de las decenas de miles de crueles asesinatos por parte de las fuerzas del Estado.
Ha pasado el super domingo electoral en Europa con una sensación más amarga que dulce, aunque con algo de alivio una vez superado el susto de Rumanía.
El orgullo, el egoísmo y la codicia son las mayores amenazas para la estabilidad emocional humana y el progreso ético. Los que ya tienen mucho quieren mucho más, los que han acumulado armas y bombas durante muchos años quieren iniciar una guerra para vender sus productos a otras naciones. Se crean narrativas y provocaciones para inducir a individuos o grupos de todo tipo a generar una guerra por poderes. ¿Quién no ve a las potencias que luchan entre sí utilizando a países más pequeños?
En medio de una futura guerra entre la raza humana y las fuerzas de la inteligencia artificial, Joshua, un curtido ex agente de las fuerzas especiales que sufre por la desaparición de su esposa, es reclutado para cazar y matar al Creador, el arquitecto de IA avanzada que ha desarrollado un arma misteriosa con el poder de poner fin a la guerra, e incluso a toda la humanidad.
El avance en los últimos tiempos de la militarización de la sociedad en Europa es un hecho evidente, y más si se tiene en cuenta que van a comenzar en breve unas maniobras navales en el Mediterráneo.
Nunca hemos estado tan cerca de que las provocaciones de un presidente manipulado por los Estados Unidos y Gran Bretaña, Volodímir Zelenski, le hagan el favor al mundo de que, de nuevo -no olvidar que, hasta ahora, las únicas bombas atómicas lanzadas sobre población civil lo fueron sobre Hiroshima y Nagasaki, en 1945, ordenadas por el presidente americano Harry Truman-, el hongo nuclear se haga realidad.
|