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Solana de Rioalmar: El alma rural que late en la Sierra de Ávila
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Solana de Rioalmar: El alma rural que late en la Sierra de Ávila

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En las entrañas de la provincia de Ávila, donde los campos se funden con las estribaciones de la Sierra de Ávila y el río Arevalillo traza su curso sin prisas, se encuentra Solana de Rioalmar, un municipio que parece detenido en el tiempo, pero que guarda en su seno la esencia de una Castilla y León profunda y resistente. A unos 30 kilómetros de la capital abulense, este pueblo de origen medieval despliega sus casas de piedra y sus calles silenciosas en un valle abierto, ofreciendo un refugio de calma y tradición a quienes lo visitan. En pleno 2025, Solana de Rioalmar sigue siendo un testimonio vivo de la vida rural, un lugar donde la historia, la fe y las costumbres ancestrales se entrelazan en un paisaje de encinas y cereales.

La Iglesia de la Santa Cruz: un baluarte barroco

Dominando el caserío de Solana de Rioalmarla Iglesia de la Santa Cruz se alza como un emblema de la historia y la devoción del municipio. Construida en el siglo XVI, esta joya del barroco rural combina sillarejo con sillares bien tallados en su campanario, una estructura que rompe la austeridad del entorno con su elegancia sobria. Su interior, aunque sencillo, alberga un retablo que refleja el fervor religioso de sus gentes, y sus muros han sido testigos de siglos de celebraciones, penurias y renovaciones. Se cuenta que, durante la Guerra de la Independencia, las tropas de Napoleón saquearon la región, y aunque no hay registros de grandes pérdidas en esta iglesia, su supervivencia habla de la resiliencia de un pueblo que ha sabido proteger lo suyo. Hoy, la Iglesia de la Santa Cruz sigue siendo el corazón espiritual de Solana de Rioalmar, un lugar donde las campanas aún convocan a los fieles y marcan el ritmo de las fiestas.

Una población que desafía la despoblación

Con apenas 138 habitantes según los datos más recientes de 2024, Solana de Rioalmar encarna la lucha de los pequeños municipios rurales por no desaparecer. En su pasado, el pueblo llegó a superar los 250 vecinos, pero el éxodo hacia las ciudades tras la Guerra Civil dejó una huella imborrable. Hoy, sus 87 hombres y 62 mujeres forman una comunidad envejecida, aunque con un leve repunte estacional: en verano, los descendientes de quienes emigraron regresan, trayendo consigo un soplo de vida que anima las calles. A pesar de su tamaño, Solana de Rioalmar ha sabido captar la atención por iniciativas que buscan revitalizarlo, como la recuperación de tradiciones y el turismo rural, convirtiéndose en un pequeño faro de esperanza en una provincia castigada por la despoblación.

Una economía entre la tradición y la supervivencia

La economía de Solana de Rioalmar está profundamente enraizada en la tierra que lo rodea. Los campos de cereal —trigo y cebada principalmente— y las dehesas de encinas han sido durante siglos el sustento de sus habitantes. Antaño, la ganadería ovina desempeñó un papel clave, pero hoy apenas quedan rebaños que pasten en las laderas. La cercanía al río Arevalillo y la presa del Milagro, donde se pescan truchas y carpas, añade un matiz pintoresco al paisaje, aunque no un motor económico significativo. La falta de industria y la dependencia de Ávila capital, a media hora en coche, han empujado a muchos vecinos a buscar trabajo fuera, dejando al pueblo en una economía de subsistencia. Sin embargo, el auge del turismo rural y la promoción de su patrimonio, como las famosas gorras de paja típicas de la zona, han abierto una ventana de oportunidad para que Solana de Rioalmar mire al futuro sin renunciar a su pasado.

Fiestas patronales: el esplendor de la Santa Cruz

El calendario de Solana de Rioalmar se ilumina cada 14 de septiembre, cuando el pueblo celebra la Exaltación de la Santa Cruz, su fiesta patronal más señalada. Ese día, la Iglesia de la Santa Cruz se viste de solemnidad con una misa que reúne a los vecinos y a quienes regresan de lejos para honrar a su patrona. La procesión, con la imagen de la cruz recorriendo las calles, es el preludio de una jornada que combina lo sagrado con lo profano: verbenas, bailes y banquetes donde no faltan los asados y los vinos de la tierra. Además, el municipio participa en otras tradiciones comarcales, como la romería a la Virgen de Sonsoles en octubre, un evento que une a los pueblos del Valle Amblés en una muestra de fe y fraternidad. Estas fiestas, aunque modestas, son el alma de Solana de Rioalmar, un recordatorio de que, incluso en la adversidad, la comunidad encuentra motivos para celebrar.

Un pueblo que se aferra a su identidad

Solana de Rioalmar no es solo un nombre en el mapa de Ávila: es un lugar donde el tiempo parece haberse detenido para permitir que la historia y las tradiciones respiren. Su iglesia barroca, su menguante pero tenaz población, su economía ligada a la tierra y sus fiestas patronales dibujan el retrato de un municipio que, a pesar de los desafíos, se niega a ser olvidado. En la Sierra de Ávila, este pequeño pueblo sigue latiendo, como un eco del pasado que aún tiene mucho que contar.

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