En el corazón de la provincia de Ávila, a 45 kilómetros de la capital y a poco más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, se alza Herreros de Suso, un pequeño municipio que respira la calma de la Castilla más profunda. Con apenas 149 habitantes según los últimos datos oficiales, este rincón de la comarca del Valle Amblés y Sierra de Ávila es un testimonio vivo de la resistencia rural, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido entre encinares, dehesas y el rumor lejano de la autovía A-50. Aquí, la historia, la fe y las tradiciones tejen una trama que, aunque sencilla, late con fuerza en cada calle empedrada y en cada rostro curtido por el sol y el viento.
La iglesia de San Juan Evangelista: Un faro de piedra y devoción
Si hay un símbolo que define el alma de Herreros de Suso, ese es la iglesia de San Juan Evangelista. Erigida con el carácter robusto del granito y el sillarejo oscuro, típicos de las zonas serranas, esta construcción marca una transición entre la arquitectura de La Moraña y las tierras más ásperas de la sierra. Su campanario, rematado con sillar de granito, se yergue como un guardián silencioso sobre el pueblo, mientras que en su interior guarda un tesoro de fervor barroco: varios retablos que destilan la artesanía de antaño y un destacado ejemplo de estilo churrigueresco, con sus detalles intrincados que invitan a la contemplación. No muy lejos, la ermita del Cristo del Humilladero, con su fachada encalada, ofrece otro guiño al patrimonio humilde pero entrañable del municipio. Ambos templos son más que piedra; son el eco de generaciones que han encontrado en ellos refugio espiritual y un punto de encuentro comunitario.
Una economía anclada en la tierra y el turismo incipiente
La vida económica de Herreros de Suso late al ritmo de la agricultura, el pilar que ha sostenido al pueblo desde sus orígenes medievales. Los campos que lo rodean, salpicados de encinas y dehesas, son testigos de un trabajo arduo que, aunque menguante por el éxodo rural, sigue siendo la esencia de su identidad. Sin embargo, en los últimos años, un nuevo soplo de vida ha comenzado a hacerse notar: el turismo rural. Las grandes heladas que visten de blanco, los bosques en invierno y la belleza natural del entorno han atraído a visitantes en busca de paz y paisajes únicos. Casas como El Horno de Herreros o El Encinar, con su oferta de alojamiento para grupos y familias, han puesto al municipio en el mapa de quienes huyen del bullicio urbano. Aunque modesta, esta incipiente actividad económica promete ser un complemento vital para un pueblo que se resiste a desvanecerse.
Fiestas patronales: El corazón festivo de la comunidad
Cuando el calendario marca el 27 de diciembre, Herreros de Suso se engalana para celebrar a su patrón, San Juan Evangelista. Esta fiesta patronal es el momento cumbre del año, una explosión de vida en la que el pueblo se reúne para honrar al santo que da nombre a su iglesia. Las calles se llenan de vecinos y visitantes, y el ambiente se tiñe de devoción y alegría. Misa solemne, procesiones y, por supuesto, las tradicionales verbenas y comidas compartidas marcan la jornada, donde no faltan los dulces caseros y el calor de la hospitalidad castellana. Aunque no hay registros de otras grandes festividades, la proximidad a Ávila y la riqueza cultural de la región permiten que los herrerosusenses participen en eventos cercanos, como las fiestas de la capital o las romerías de los pueblos vecinos.
Un pueblo que mira al futuro sin olvidar su raíz
Bajo la alcaldía de José Ángel Dorado Holgado, del Partido Popular, Herreros de Suso encara el desafío de mantener viva su esencia en un mundo que cambia a pasos agigantados. Con una población que apenas supera el centenar y medio de almas —83 hombres y 66 mujeres—, el municipio es un microcosmos de la España rural: pequeño, pero orgulloso. Su escudo, con un martillo sobre un yunque rodeado de llamas, evoca un pasado de trabajo y esfuerzo, mientras que su bandera, gironada de rojo y amarillo, ondea como un estandarte de identidad. Entre la iglesia que custodia su fe, la economía que se adapta a los nuevos tiempos y las fiestas que unen a sus gentes, Herreros de Suso sigue siendo un refugio de serenidad, un lugar donde el latido de la vida late despacio, pero con una fuerza que no se doblega.